¿Te acordás cuando Entre Ríos tenía las tarifas eléctricas más caras del país? Esa pesadilla quedó atrás. Hoy la provincia se ubica por debajo de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires en el ranking nacional, un cambio que no llegó por casualidad sino por decisiones concretas que aliviaron el bolsillo entrerriano.
Desde la Secretaría de Energía provincial no esconden el orgullo: “Cuando asumimos, Entre Ríos era la provincia con la tarifa eléctrica más cara del país. Tomamos decisiones para aliviar el costo de la boleta sin resignar inversión ni calidad del servicio”. Y los números les dan la razón.
La estrategia fue clara y sostenida: eliminar impuestos provinciales de la boleta eléctrica, reducir la tasa de fiscalización del Ente Provincial Regulador de la Energía (EPRE) del 1,8 por ciento al 0,8 por ciento, y negociar con los municipios para bajar las tasas locales. Nada de magia, pura gestión.
El congelamiento del Valor Agregado de Distribución (VAD) durante casi dos años fue la jugada maestra. Mientras Nación aumentaba energía y transporte, Entre Ríos amortiguaba el golpe y ganaba tiempo para ordenar la casa. Una decisión que hoy se traduce en facturas más baratas para los entrerrianos.
Los acuerdos con los municipios tampoco fueron menores: la contribución municipal bajó del 8,69 al 6 por ciento y el tope de las tasas municipales se redujo del 16 al 13 por ciento. Cada punto menos en la factura es plata que queda en el bolsillo de las familias.
Pero acá viene lo interesante: todo esto convivió con inversiones millonarias en infraestructura. Nuevas estaciones transformadoras, obras de distribución eléctrica, medidores inteligentes, renovación de equipamiento. Desde Enersa lo dicen sin vueltas: “Mientras antes los recursos se despilfarraban, ahora cada peso se transforma en obras para mejorar el servicio”.
El resultado está a la vista: Entre Ríos no solo salió del fondo de la tabla tarifaria sino que lo hizo manteniendo niveles de inversión récord. Una provincia que logró el equilibrio entre tarifas accesibles y servicio de calidad, algo que parecía imposible hace unos años pero que hoy es realidad para los entrerrianos.