Un buque militar británico navegó por el Mar Argentino tras zarpar desde las Islas Malvinas, y la reacción no se hizo esperar: el gobierno de Tierra del Fuego salió con los tapones de punta.
Andrés Dachary, secretario de Malvinas de esa provincia, fue quien puso en palabras lo que muchos pensaron: calificó la maniobra como una “provocación flagrante” por parte del Reino Unido. Sin eufemismos, sin medias tintas.
El episodio reaviva una tensión que nunca se apagó del todo. Cada movimiento militar británico en aguas que Argentina reclama como propias tiene el mismo efecto: recordar que la disputa por la soberanía de las islas sigue tan viva como el día en que se firmó el cese del fuego en 1982. No es un tema archivado; es una herida abierta que ciertos gestos se encargan de mantener fresca.
Desde el gobierno fueguino entienden que este tipo de navegaciones no son casuales ni inocentes. Son mensajes. Y el mensaje, en este caso, llegó claro: Londres no tiene intención de bajar el perfil en la zona. La pregunta que queda flotando es qué respuesta dará el gobierno nacional ante una acción que una provincia ya catalogó de provocación.
La cancillería argentina y el Poder Ejecutivo nacional no habían emitido una posición oficial al momento de conocerse la denuncia del secretario Dachary. La voz más fuerte, por ahora, viene del sur del país.