La inflación de junio se convirtió en el dato que todos miran con lupa. Según el análisis de un economista y director de la consultora C&T, el índice del sexto mes estaría a punto de quebrar la barrera del 2%, una señal que enciende alertas en un contexto donde la suba del dólar volvió a meterse en la canasta familiar.
El tipo de cambio fue el protagonista incómodo de las últimas semanas. La escalada cambiaria tiene un efecto directo sobre los precios: cuando el dólar sube, los costos de producción, importación y hasta los alimentos de la góndola responden casi de inmediato. La traslación a precios, ese mecanismo que los economistas llaman pass-through, no perdona y se siente rápido en el bolsillo.
El análisis apunta a que junio cerraría por encima del 2%, lo que marcaría una inflexión respecto a los meses anteriores donde la tendencia mostraba cierta desaceleración. Los rubros más sensibles serían alimentos, bebidas y servicios, que acumulan presión tanto por el dólar como por ajustes tarifarios que no terminan de digerirse.
El dato no es menor en el marco de la política económica nacional. El gobierno de Javier Milei viene mostrando la baja de la inflación como uno de sus principales logros, y cualquier repunte por encima de las proyecciones oficiales genera ruido político inmediato. Un número que perfore el 2% mensual en junio sería, cuanto menos, una incomodidad para la narrativa oficial.
Lo que viene no es más sencillo. Si la presión cambiaria no cede, julio arranca con una inercia que puede complicar las metas. Los próximos datos del INDEC serán el termómetro real de hasta dónde llegó el impacto de esta escalada del dólar sobre los precios de la economía argentina.