Los números no mienten, pero tampoco cuentan toda la historia. Diez de 27 convenios colectivos lograron que sus trabajadores mejoren el salario real en el último año, mientras que el resto navega en la pérdida de poder adquisitivo. ¿El detalle que marca la diferencia? El músculo sindical y la capacidad de presión de cada sector.
Transporte automotor se lleva el premio mayor con un 11,9% de crecimiento real del salario medio, seguido por los encargados de edificio con 4,5%, construcción con 4% y camioneros con 3,1%. Del otro lado del mostrador, la realidad es demoledora: textiles perdió 10,4%, metalúrgicos 9,8%, comercio 9,2% y seguridad 8,8%.
La Secretaría de Trabajo lo dice sin vueltas: esta dispersión refleja diferencias sustantivas en el poder de negociación entre sectores. Traducido al cristiano: algunos sindicatos tienen más fuerza para torcer el brazo a las patronales, otros no tanto. Y los trabajadores pagan las consecuencias de esa desigualdad.
El panorama general no es para festejar. El poder adquisitivo del salario promedio de convenio registró una caída del 4,2% entre abril de 2026 e igual mes de 2025. Pero el dato más duro llega cuando se mira la foto completa: el salario promedio pactado acumuló una caída de 6 puntos porcentuales en términos reales desde noviembre de 2023.
La remuneración nominal bruta promedio de marzo llegó a $2.207.129, con un incremento del 31,6% interanual. Pero la inflación fue del 32,6%, lo que significa que los trabajadores perdieron un punto porcentual de poder adquisitivo. Y los que menos ganan, los que más sufren: la mediana salarial creció apenas 28,1%, equivalente a una pérdida real del 3,4%.
El especialista Matías Ghidini pone el dedo en la llaga: mientras la inflación acumulada a marzo alcanzó el 9,4%, los salarios registrados privados crecieron apenas un 5,9%. Casi 3,5 puntos porcentuales por debajo del aumento de precios. “La foto salarial continúa siendo desfavorable para los trabajadores registrados”, resume sin anestesia.
Como si el deterioro salarial fuera poco, el empleo registrado privado se contrajo un 0,2% en marzo, lo que significa que aproximadamente 20.000 personas perdieron su trabajo en la economía formal. Solo tres sectores vinculados a la producción primaria expandieron personal, pero representan apenas el 7% del empleo total.
Los cuatro sectores que más empleo perdieron concentran el 49% de la masa salarial formal: comercio, industria, intermediación financiera y transporte. Una combinación explosiva que dibuja un mercado laboral fragmentado, donde la suerte de cada trabajador depende más del sector donde le tocó trabajar que de su esfuerzo individual.