El estrecho más estratégico del planeta volvió a cerrarse. Estados Unidos reimplantó el bloqueo naval sobre los puertos iraníes en el estrecho de Ormuz, y en cuestión de horas ya había desviado a dos buques comerciales que intentaban sortear el cerco. El Comando Central estadounidense (Centcom) lo confirmó sin rodeos: sus fuerzas permanecen vigilantes para garantizar el cumplimiento de la restricción.
La medida revierte la apertura parcial que regía desde junio, cuando un memorando de entendimiento entre Washington y Teherán había bajado la temperatura del conflicto. Ese alivio duró poco. Un petrolero con bandera de Curazao fue alcanzado con misiles Hellfire cuando intentaba llegar a la isla de Kharg, uno de los principales terminales petroleros de Irán, y quedó fuera de operación. La escalada volvió a instalarse con toda su crudeza.
El impacto es inmediato y global. Antes del conflicto, unos 130 buques cruzaban Ormuz a diario; hoy el tráfico quedó prácticamente paralizado. Cerca de 6.000 marineros permanecen varados a bordo de embarcaciones detenidas en la zona. La Organización Marítima Internacional (OMI) pidió evitar todo tránsito por el estrecho hasta que existan condiciones de seguridad verificables.
El mercado no tardó en reaccionar. Las primas de riesgo para los buques que operan en la zona se cuadruplicaron en los últimos días. El barril de petróleo Brent cotizaba cerca de los 85 dólares, en niveles no vistos en un mes, incorporando la prima geopolítica que el conflicto vuelve a inyectar en los mercados energéticos.
Ante la incertidumbre, varios países salieron a buscar rutas alternativas. Arabia Saudita gestionó envíos de crudo a través del puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Japón solicitó liberar parte de sus reservas estratégicas: cerca del 70% del petróleo que importa de Medio Oriente transita habitualmente por Ormuz. Los Emiratos Árabes Unidos evalúan infraestructura portuaria adicional en su costa este para reducir la dependencia de esa ruta crítica.
Por Ormuz pasa cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado. Cualquier interrupción prolongada no es solo un problema regional: es un factor de riesgo directo para las cadenas de abastecimiento energético de Asia y Europa, con efectos en fletes, seguros y precios finales que pueden extenderse durante meses.
Irán acusó a Washington de haber incumplido el memorando de entendimiento y reportó víctimas civiles por los ataques recientes. El gobierno estadounidense, por su parte, sostiene que la ofensiva busca degradar la capacidad iraní de amenazar la navegación comercial. Ambas partes mantuvieron contactos esta semana, pero sin señales concretas de una nueva tregua. Mientras el diálogo no prospere, el estrecho más sensible del comercio internacional seguirá siendo el termómetro más fiel de una crisis que está lejos de resolverse.