Dos crisis al mismo tiempo, en el peor momento posible. Eso es lo que advierten analistas internacionales al cruzar dos variables que, por separado, ya serían preocupantes: un episodio de El Niño que podría ser el más intenso en 76 años y el impacto del conflicto entre Estados Unidos e Irán sobre los costos energéticos y de transporte global.
El resultado, según especialistas del banco italiano UniCredit, es lo que ya empiezan a llamar «inflación climática»: una presión sostenida sobre los precios de los alimentos básicos que no responde a ciclos económicos tradicionales, sino a la combinación de desastres climáticos y tensiones geopolíticas que golpean las cadenas de suministro al mismo tiempo.
Los números que maneja Goldman Sachs son concretos y duros: los precios mundiales de los alimentos básicos podrían subir hasta un 15,8%, con el impacto más visible recién en la segunda mitad de 2028, cuando los ciclos de siembra y cosecha terminen de procesar el daño acumulado. No es una proyección catastrofista: es el resultado de modelos que ya vieron cómo fenómenos similares alteraron la producción alimentaria en el pasado.
Las regiones más expuestas son el sur de África, partes de Sudamérica y el sudeste asiático. Los cultivos en riesgo incluyen productos que están en la base de la dieta global: trigo, arroz, soja, aceite de palma, café y cacao. Las olas de calor, sequías e inundaciones que caracterizan a los episodios intensos de El Niño pueden devastar cosechas enteras en cuestión de semanas, sin margen de recuperación inmediata.
Para la Argentina, que exporta una parte significativa de su producción agrícola al mundo, el escenario tiene dos caras. Por un lado, precios internacionales más altos pueden representar mayores ingresos por exportaciones. Por el otro, las mismas condiciones climáticas extremas que afectan a otras regiones también pueden golpear la producción local, especialmente en zonas ya vulnerables a la variabilidad hídrica.
Los bancos centrales de todo el mundo siguen de cerca este riesgo. Si los precios de los alimentos repuntan con fuerza, la presión inflacionaria podría obligar a mantener las tasas de interés altas durante más tiempo del previsto, complicando aún más la situación de los países con menores ingresos, que ya cargan con el peso del conflicto en Oriente Medio. Son los mismos países que menos herramientas tienen para amortiguar el golpe.
El fenómeno todavía está en desarrollo y los efectos más concretos sobre las cosechas se verán en los próximos ciclos agrícolas. Pero la advertencia ya está sobre la mesa: cuando el clima y la geopolítica se mueven en la misma dirección negativa, las consecuencias sobre el precio de los alimentos no esperan.