«La soberanía no se negocia», dijo Blanca Osuna, y esta vez las palabras tuvieron eco en el recinto del Senado. El proyecto oficialista que buscaba modificar la Ley de Tierras Rurales sufrió un nuevo revés parlamentario y terminó enviado nuevamente a comisión, con un cuarto intermedio fijado hasta el 6 de agosto.
La derrota no fue silenciosa. La presidenta del bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, resolvió pedir el cuarto intermedio antes de que la sesión derivara en una media sanción deshilachada que no le sirviera al Gobierno. Una maniobra para evitar el costo político de un fracaso en cámara abierta, aunque el fracaso ya estaba consumado. Era la tercera vez que el intento de reforma naufragaba: la primera por falta de apoyos, la segunda por la simultaneidad con el escándalo Adorni, y esta tercera por la ausencia de dos senadores y la rosca del peronismo.
El peronismo, en efecto, trabajó con precisión para dejarle al Gobierno sin los votos necesarios en los artículos que habilitaban una mayor extranjerización del territorio. La senadora Alejandra Vigo y Camau Espínola fueron, según trascendió, piezas clave en ese tablero. A eso se sumó un dato de color que terminó pesando en el ánimo de varios senadores indecisos: la reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas que hicieron los jugadores de la Selección tras la victoria frente a Inglaterra. En política, el clima también vota.
Las negociaciones, por su parte, quedaron empantanadas cuando el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, no convalidó las modificaciones que Bullrich había acordado con los aliados. Un cortocircuito interno que desnuda las tensiones dentro del propio oficialismo a la hora de gestionar las alianzas parlamentarias.
Las casi tres horas de sesión no fueron del todo estériles para el Gobierno: alcanzaron para aprobar una serie de pliegos judiciales, entre ellos el del camarista Víctor Pesino, el juez que dejó sin efecto la medida cautelar de la CGT que paralizó la reforma laboral. Una aprobación que no pasó desapercibida en los pasillos del Congreso.
Osuna, mientras tanto, llamó a fortalecer la defensa de la soberanía y ratificó su rechazo a cualquier reforma que implique mayor extranjerización del territorio nacional. El debate no está cerrado: el 6 de agosto el proyecto vuelve a comisión y el oficialismo tendrá que decidir si insiste, negocia o guarda silencio.