La cifra no para de crecer. Venezuela contabiliza ya 3.342 muertos tras los devastadores sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron al país, según el balance oficial actualizado por el Gobierno venezolano.
La emergencia persiste en toda su crudeza: los equipos de rescate continúan con las tareas de asistencia y recuperación de cuerpos, una labor que se extiende sin fecha de cierre a la vista. La magnitud de los terremotos dejó una huella que va mucho más allá de los escombros.
La situación humanitaria suma otra dimensión preocupante. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reportó desplazamientos masivos de familias hacia otras regiones del país, un movimiento poblacional que agrega presión sobre zonas que deben absorber a miles de personas que lo perdieron todo.
Venezuela enfrenta así una doble crisis: la de los que quedaron atrapados bajo los escombros y la de los que lograron salir pero no tienen adónde volver. La reconstrucción, cuando llegue, será un desafío de proporciones históricas para un país que ya arrastraba una situación económica y social de extrema fragilidad antes de que la tierra se moviera.