El equilibrio fiscal es real, las exportaciones crecen y el futuro parece prometedor. Pero entre los elogios aparecen advertencias que conviene no ignorar. Eso es, en síntesis, lo que piensan algunos de los inversores más influyentes del mundo sobre la Argentina de Javier Milei.
Graham Stock, director general y estratega de deuda de mercados emergentes del fondo RBC BlueBay, con sede en Londres, tiene una mirada positiva sobre el programa económico argentino, pero no se guarda los matices. Conoce el país de primera mano: visitó Buenos Aires más de cinco veces en los últimos diez años y tiene experiencia en mercados emergentes de América Latina, África y Asia.
Para Stock, el principal logro de la administración es el equilibrio fiscal, al que considera sostenible. El segundo punto a favor es la mejora en la balanza de pagos, impulsada por el crecimiento de las exportaciones, especialmente de petróleo, gas y productos agrícolas. A eso suma las perspectivas de mayores exportaciones mineras, que durante mucho tiempo fueron una aspiración postergada. “El futuro es prometedor y el potencial todavía no está plenamente reflejado en el precio de la deuda soberana”, señaló.
Sobre la suba del dólar, que en el último mes superó los $1.500 con un alza de más del 5%, Stock no ve señales de alarma. Atribuye el movimiento a la desaceleración estacional de las exportaciones agrícolas y a la salida de dividendos que ahora está habilitada. “El movimiento fue bastante ordenado. No vemos señales de estrés ni una aceleración de las expectativas de inflación”, explicó. También destacó que el Banco Central acumuló reservas en los primeros seis meses del año mucho más rápido de lo previsto.
Donde el análisis se pone más exigente es en la deuda. El equipo del ministro Luis Caputo sostiene que tiene fondos suficientes para cubrir los vencimientos hasta las elecciones de 2027. Stock no lo descarta, pero tampoco lo confirma: “No sabemos si cuentan con financiamiento suficiente para un período tan largo”. Lo que sí reconoce es que el Gobierno demostró acceso a fuentes alternativas: préstamos garantizados de bancos, operaciones REPO y emisiones domésticas de Bonar en dólares, con alrededor de US$4.000 millones colocados en el mercado local.
La advertencia más concreta tiene que ver con el costo de salir a los mercados internacionales. Si el Gobierno reemplaza deuda de bajo cupón con nueva deuda que paga tasas más altas, el impacto fiscal es inmediato: cuanto más se destine al pago de intereses, menos recursos quedan para infraestructura y otros gastos. Es el dilema clásico de quien necesita refinanciar pero no quiere comprometer el superávit que es, precisamente, su principal carta de presentación ante el mundo.
El otro punto de atención que marca Stock es el estancamiento en los sectores que generan empleo y la situación de los ahorristas argentinos, además de la dificultad estructural para que baje rápido el riesgo país en un año electoral como lo será 2027. El optimismo existe, pero tiene fecha de vencimiento si los números no siguen acompañando.