Ocho días atrapado bajo los restos de un edificio derrumbado. Eso vivió Hernán Gil, vigilante rescatado con vida en Catia La Mar, estado La Guaira, en lo que se convirtió en el símbolo más potente de la tragedia que sacude a Venezuela tras el devastador terremoto.
La operación para sacarlo fue titánica: más de 100 rescatistas trabajaron durante unas 72 horas ininterrumpidas, avanzando de forma manual para no comprometer una estructura que amenazaba con colapsar nuevamente. Antes de poder extraerlo, los equipos lograron suministrarle agua, alimentos y medicamentos a través de una sonda introducida entre los escombros. Finalmente fue retirado con vida y trasladado a un centro asistencial en Caracas.
Las labores de emergencia reúnen a brigadas venezolanas junto con especialistas internacionales en búsqueda y rescate urbano. Los equipos trabajan con cámaras térmicas, sensores acústicos y detectores de movimiento, priorizando los sitios donde existen indicios de vida o condiciones estructurales compatibles con la presencia de personas atrapadas, en especial aquellos lugares donde pudieron formarse “bolsas de aire” dentro de los edificios colapsados.
A medida que pasan los días, las probabilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen, pero los especialistas insisten en que no se puede dar nada por cerrado mientras haya indicios acústicos o registros de vida. Las autoridades venezolanas informaron que miles de personas fueron rescatadas con vida desde que ocurrió el sismo, y que las operaciones continúan de forma simultánea con la asistencia sanitaria y el alojamiento de evacuados.
En paralelo, la ayuda internacional no para de crecer. Según informaron las autoridades venezolanas, ya ingresaron al país cientos de miles de toneladas de asistencia humanitaria, incluyendo alimentos, medicamentos, agua potable, insumos sanitarios y materiales para refugios temporales. Lo llamativo es que incluso gobiernos con diferencias políticas respecto de Caracas ofrecieron cooperación. Entre los países mencionados oficialmente figura Argentina, junto a Ecuador y El Salvador, además de organizaciones internacionales que siguen coordinando envíos.
Lo que viene es igual de duro que lo que ya pasó. Decenas de miles de damnificados necesitan atención, los servicios esenciales deben restablecerse y la reconstrucción de la infraestructura dañada, según estiman especialistas y organismos humanitarios, demandará meses e incluso años. Venezuela enfrenta una emergencia que recién empieza a mostrar su verdadera dimensión.