¿Cuándo fue la última vez que caminaste por la peatonal de Concordia y no viste un local cerrado? La pregunta no es retórica. Los hoteleros y gastronómicos de la ciudad están viviendo “la recesión más fuerte de la historia” y las cifras son demoledoras: 30 PyME cierran por día en Argentina, arrastrando consigo más de 40.000 puestos de trabajo.
Carlos Lapiduz, referente del sector, no se anda con vueltas: “Basta caminar por la peatonal para ver un cementerio de locales“. La frase pega fuerte porque es cierta. Y si alguien pensaba que era exageración, que mire los números: embargos diarios por atrasos de menos de un mes, tasas municipales que subieron hasta 70% en un año, y intimaciones que llegan a las 72 horas del vencimiento.
“Para muchos de los emprendedores que estamos curtidos en esto, ya es un ejercicio normal ver el modo de salir corriendo a levantar un embargo”, contó Lapiduz con esa resignación que da la experiencia. El tipo sabe de lo que habla: lleva años en el rubro y nunca vio algo así. Ni siquiera en pandemia, cuando al menos había ATP, exenciones impositivas y la garantía de que no te cortaban los servicios.
Ahora la cosa es distinta. “El combo es explosivo”, advierte. Y tiene razón: imaginate tener un restaurante y saber que te pueden cortar el gas por una deuda. Es la espada de Damocles colgando sobre cada emprendimiento. La Asociación de Hoteleros y Gastronómicos de Concordia (AHGC) no se queda callada y reclama medidas urgentes a todos los niveles de gobierno.
Los números son contundentes: la hotelería y gastronomía generan 650.000 puestos de trabajo en Argentina, empleados por más de 55.000 PyME. Pero el ritmo de cierre actual significa que estamos perdiendo 40.000 empleos según la Superintendencia de Riesgos de Trabajo. “Hoy muchos hablan de que si no reinventás cerrás, pero la realidad es que el rubro servicios no es simple“, explica Lapiduz.
Carlos Haure, presidente de la AHGC, fue directo en el comunicado: pidió “empatía” a los dirigentes y que “peleen por prevalecer a los generadores de empleo”. Porque acá no se trata solo de números fríos: cada PyME que cierra son familias que quedan sin trabajo, proveedores que pierden clientes, y una cadena que se rompe.
La situación en Concordia refleja lo que pasa en todo el interior: ciudades que pueden convertirse en “ciudades fantasma” si no hay medidas de reactivación. Los empresarios no piden milagros, piden flexibilidad en los tiempos de ejecución, alivio fiscal, y que los funcionarios “vayan a golpear las puertas necesarias”. Porque cuando el Estado aprieta tanto que asfixia a los que generan empleo genuino, todos perdemos.