Una denuncia anónima terminó destapando lo que parecía una casa común y corriente en la zona norte de Villaguay. Adentro, la Policía se encontró con un verdadero arsenal: escopetas, revólveres, una tumbera y más de un kilo de marihuana esperando en silencio.
El operativo no fue casualidad. Alguien sabía lo que pasaba en esa vivienda y decidió hacer la llamada que cambió todo. Los efectivos llegaron con orden judicial y lo que encontraron superó las expectativas: un depósito clandestino que funcionaba a metros de vecinos que jamás sospecharon nada.
Las armas estaban distribuidas por diferentes sectores de la casa, como si el dueño hubiera planificado cada escondite. La marihuana, fraccionada y lista para la venta, completaba un panorama que habla de una operación que venía funcionando hace tiempo. ¿Cuánto tiempo estuvo operando esta base sin que nadie se diera cuenta?
Un hombre quedó supeditado a la causa y ahora deberá explicar cómo terminó con semejante arsenal en su poder. La Justicia investiga si actuaba solo o formaba parte de una red más grande que abastecía la zona.
El caso pone en evidencia cómo las denuncias anónimas siguen siendo una herramienta clave para desarmar estos circuitos. En Villaguay, una llamada fue suficiente para desactivar lo que podría haber sido el punto de partida de problemas mucho más serios para la comunidad.