El timing no fue casual. Rusia lanzó un nuevo ataque con misiles y drones sobre Kiev justo en la víspera de la cumbre de la OTAN, en una escalada que volvió a poner a la capital ucraniana en el centro de la tormenta.
Más de diez explosiones retumbaron en la ciudad tras la emisión de una alerta de ataque aéreo. Las sirenas sonaron y los habitantes corrieron a los refugios mientras las defensas antiaéreas entraban en acción para interceptar los proyectiles.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, confirmó el ataque y pidió a la población que permaneciera en los refugios hasta que se despejara la amenaza. La ciudad, que ya acumula meses de bombardeos intermitentes, volvió a vivir una noche de tensión extrema.
El ataque llega en un momento de máxima atención internacional: los líderes de los países miembros de la alianza atlántica se reúnen en cumbre para debatir, entre otros temas, el apoyo militar y financiero a Ucrania. El Kremlin parece haber elegido ese momento con deliberada precisión para enviar un mensaje.
La guerra que comenzó con la invasión rusa en febrero de 2022 no da señales de acercarse a una salida negociada, y los ataques sobre la capital ucraniana siguen siendo una herramienta de presión constante del gobierno de Vladimir Putin. La cumbre de la OTAN tendrá ahora este bombardeo como telón de fondo inevitable.