Un movimiento que el sector bancario venía reclamando desde hace años finalmente tomó forma. El Banco Central, conducido por Santiago Bausili, autorizó a principios de junio que los bancos puedan prestar los dólares captados en depósitos a empresas o personas que no pertenezcan al sector exportador, con una condición clave: conseguir el aval de una compañía que sí genere divisas por comercio exterior.
Hasta ese momento, una regla vigente desde la salida de la convertibilidad impedía que los bancos prestaran dólares a quienes no tuvieran capacidad de repago en esa moneda. El ejemplo que circula en el sector es claro: una pyme de transporte podría acceder a financiamiento en dólares si un agroexportador le da su garantía. Simple en teoría, complejo en la práctica.
Porque a pesar del entusiasmo oficial, entre las entidades privadas reina la cautela. Paradójicamente, los bancos de capitales nacionales fueron los que más empujaron durante años para que se revisaran estas restricciones, pero ahora esperan que sea la banca pública la primera en mover ficha. Un clásico del sistema financiero argentino: pedir el cambio y dejar que otro lo estrene.
El sector de la construcción es uno de los que más atención le pone al nuevo esquema. La propuesta que circula indica que los desarrolladores podrían acceder a dólares para tierras y obras a tasas del 8% anual, mientras que el comprador individual recibiría un crédito en pesos ajustado por inflación o UVA. Dos ventanillas, un mismo banco: una para el constructor, otra para quien compra.
El ministro de Economía, Luis Caputo, fue más allá en sus declaraciones recientes ante desarrolladores inmobiliarios. Les planteó que más que apostar a hipotecas en dólares directas, el camino podría pasar por el mercado de capitales: obligaciones negociables, fondos inmobiliarios armados entre bancos y agentes de Bolsa. Y tiró un dato de peso: con esa estructura, podría cuadruplicarse el monto disponible con plata de organismos multilaterales dispuestos a participar.
Los números del mercado muestran que el crédito hipotecario en pesos ya viene recuperando terreno. Según datos de First Capital Group al cierre de junio, el saldo de créditos a la vivienda —incluyendo los ajustables por UVA— llegó a $7,9 billones, con un crecimiento interanual del 106,8% en términos nominales y del 54,5% en términos reales. La caída de los índices de actualización de cuotas generó mayor atracción de la demanda, según explicó el analista Guillermo Barbero.
Los préstamos en dólares, por su parte, vienen creciendo sin mostrar señales de morosidad preocupante. El desafío ahora es si el nuevo marco regulatorio logra traducirse en operaciones concretas o si queda como una puerta abierta que nadie termina de cruzar.