Hay plata. Lo que no hay es voluntad de distribuirla. El gobierno de Javier Milei lleva transferidos más de 2.000 millones de dólares al sector corporativo a través de quitas impositivas y el plan RIGI, mientras la mora de los hogares argentinos alcanza niveles que no se veían hace años. La ecuación es tan cruda que cuesta no detenerse en ella.
Un trabajo del economista Claudio Lozano revela que con los 13 primeros proyectos RIGI aprobados por el Ejecutivo, el Estado dejó de recaudar 1.830 millones de dólares en perdones tributarios sobre Ganancias, derechos de exportación y aranceles de importación. Eso equivale al 0,28 por ciento del PBI. Para dimensionarlo: con esa cifra se podría aumentar en un 179 por ciento el presupuesto de Ciencia y Tecnología, cubrir la totalidad de la ley de financiamiento universitario que el gobierno se niega a cumplir, o multiplicar por casi 12 veces el presupuesto anual del Hospital de Niños Juan Garrahan, que hoy representa apenas el 0,02 por ciento del PBI y ya fue víctima del ajuste libertario.
Del otro lado del mostrador, la realidad es otra. La mora en créditos ya superó el sistema bancario tradicional y las billeteras virtuales, y se instaló en las tarjetas de los grandes supermercados, donde las tasas de incumplimiento superan el 50 por ciento. Las cadenas de hipermercados, algunas de ellas instaladas en el país desde la era menemista, no encuentran cómo cobrarles a personas que se endeudaron para comprar alimentos básicos. No es un dato menor: la gente no se endeuda para comprarse un televisor, se endeuda para comer. Y después tampoco puede pagar esa deuda.
La explicación no es un misterio. Mientras el gobierno libera de cargas fiscales a los grandes inversores, recorta subsidios y sube tarifas para los sectores medios y bajos. El resultado es que, luego de pagar costos fijos, millones de familias no tienen margen y recurren al crédito como válvula de escape. Una válvula que ya está reventando.
Lo que este esquema prefigura no es una crisis repentina sino algo más preocupante: una mutación estructural del modelo económico que ya eligió ganadores y perdedores. Las corporaciones con acceso al RIGI y a los beneficios fiscales consolidan negocios extractivos; los sectores medios y populares acumulan deuda para subsistir. Una oposición fragmentada en internas debería tener esto como eje central del debate, porque los datos muestran una degradación social acelerada que no espera elecciones para profundizarse.