El número impresiona a primera vista: 156,8% de aumento en valor para las exportaciones de carne porcina y subproductos en los primeros cinco meses del año. Pero cuando se mira el contexto, la celebración tiene techo.
Los envíos al exterior sumaron más de 10 millones de dólares entre enero y mayo, según destacó el Gobierno nacional. Un salto porcentual que suena contundente, pero que parte de una base muy baja y que todavía no alcanza para revertir el saldo comercial del sector: Argentina sigue importando más cerdo del que exporta.
La cadena porcina nacional tiene un potencial exportador reconocido por los propios actores del sector, pero los números actuales son, en la jerga del rubro, valores incipientes de comercialización. Dicho en criollo: prometedores en la tendencia, modestos en la realidad.
El desafío no es menor. Para que el crecimiento porcentual se traduzca en un impacto real sobre la balanza comercial, el sector necesita escalar volumen, consolidar mercados externos y sostener la competitividad en precios. Un 156% sobre poco sigue siendo poco, aunque marque una dirección.
La pregunta que queda abierta es si esta tendencia alcanza para sostener el impulso o si se trata de un pico puntual en un mercado que todavía no termina de despegar. Los próximos meses, con los datos del segundo semestre, van a ser el verdadero termómetro del sector.