La recuperación económica existe, pero no llega a todos por igual. En Concordia, como en el resto de la Argentina, conviven dos mundos que avanzan a ritmos completamente distintos: el de los sectores con ventajas competitivas y apoyo estatal, y el del comercio de barrio, las pymes y las familias que dependen del consumo interno para sobrevivir.
La pregunta que incomoda no es si la economía crece. Es quién crece, cuánto empleo genera ese crecimiento y si ese dinamismo llega a la vida cotidiana de la gente o se queda en los balances de las grandes empresas.
En la primera velocidad aparecen los sectores vinculados a exportaciones, energía, minería, agroindustria y finanzas. No es que estén mal que crezcan: Argentina necesita divisas, inversión y productividad. El problema es otro. Estos sectores ya parten de una posición competitiva más fuerte y, encima, son los que más beneficios fiscales reciben del Estado: regímenes promocionales, estabilidad tributaria por décadas, ventajas aduaneras y cambiarias, reducción de cargas. Es decir, los que menos lo necesitan son los más mimados por la política pública.
En la segunda velocidad están los que sostienen la economía real de Concordia: el almacén de la esquina, el taller mecánico, la constructora familiar, el restaurante, el estudio contable, el emprendimiento que arrancó con poco y sigue con poco. Son los que toman trabajadores, pagan tasas municipales, alquilan locales, compran insumos en el mercado local y financian la vida de los barrios. Sin ellos, la ciudad no funciona.
Y son justamente ellos los que menos alivio reciben. Mientras una gran inversión negocia condiciones especiales con el Estado nacional, una pyme concordiense no sabe si el mes que viene puede pagar sueldos, alquiler, luz, cargas sociales e impuestos al mismo tiempo. No hay estabilidad fiscal para el almacenero. No hay régimen promocional para el gastronómico que intenta no cerrar. Hay IVA, Ingresos Brutos, tasas municipales y una presión que no cede.
La economía de dos velocidades no es una metáfora. Es la descripción exacta de lo que vive Concordia hoy: algunos sectores con viento a favor y Estado de su lado, y otros que pelean contra la corriente con las mismas reglas de siempre. Mientras esa brecha no se achique con políticas concretas para el comercio local y las pequeñas empresas, el crecimiento que muestran los indicadores generales seguirá siendo una foto que no refleja lo que pasa en la calle.