Elegir una carrera es una de las decisiones más pesadas que le toca a un pibe de diecisiete años. La Feria de Carreras Construir Futuro intentó aliviar esa carga y lo logró: Sala Mayo, en Paraná, se llenó de jóvenes con preguntas, carpetas bajo el brazo y esa mezcla característica de entusiasmo y vértigo que da pararse en el umbral del futuro.
El encuentro convocó a instituciones de educación superior de diverso perfil, que desplegaron sus propuestas académicas frente a cientos de estudiantes secundarios dispuestos a escuchar, comparar y, en muchos casos, animarse a preguntar lo que no se animan a preguntar en casa. Universidades, institutos terciarios y escuelas de formación técnica pusieron sobre la mesa sus ofertas en un mismo espacio, algo que no siempre es fácil de conseguir fuera de este tipo de eventos.
Los jóvenes que participaron compartieron sus expectativas con honestidad: algunos ya tenían una vocación clara y fueron a confirmarla; otros llegaron sin brújula y con la esperanza de encontrar una señal. Las dudas más frecuentes giraron en torno a la salida laboral, la duración de las carreras y la posibilidad de combinar estudio con trabajo, una realidad concreta para buena parte de los estudiantes entrerrianos.
Los representantes de las distintas carreras, por su parte, no solo repartieron folletos: escucharon, orientaron y, en varios casos, pusieron en valor perfiles que los chicos no habían considerado. La orientación vocacional sigue siendo una deuda pendiente en muchos colegios secundarios, y espacios como este cubren, al menos en parte, ese vacío.
La feria Construir Futuro se consolida así como una instancia concreta de articulación entre el nivel medio y el superior, en un momento donde la deserción universitaria en los primeros años sigue siendo un problema que ningún sistema educativo puede ignorar. Que los estudiantes lleguen con más información y menos incertidumbre es, en sí mismo, un paso en la dirección correcta.