La Municipalidad de Paraná puso en marcha un nuevo ciclo de monitoreo del dengue en escuelas. La iniciativa vuelve a poner el foco en la prevención y en el seguimiento territorial de la enfermedad.
En este primer tramo, los estudiantes de la Marcelino Román tendrán a su cargo unas ovitrampas que instalarán en sus hogares. El recorrido no se queda en la escuela: llega a la casa.
La secretaria de Salud, Claudia Enrique, explicó cómo funciona la iniciativa y repasó las medidas de prevención que deben acompañar el monitoreo. En este tipo de campañas, la clave no está solo en la trampa: está en sostener la información y la vigilancia.
Que un grupo de alumnos asuma esta tarea no es un gesto decorativo. Es una forma de llevar el cuidado sanitario al hogar, de convertir la observación en hábito y de sumar ojos atentos a un problema que se combate antes de que se dispare.
El dengue sigue siendo una de esas enfermedades que no avisa con estruendo. Se instala en la rutina, en la falta de atención, en el descuido de lo pequeño. Por eso, una campaña escolar no es un trámite: es una señal de que el Estado local está mirando el mapa sanitario.
La escuela vuelve a cumplir un rol que va más allá de la pizarra. No solo transmite contenidos: también puede funcionar como un canal de alerta temprana, cuando los estudiantes aprenden a mirar, a registrar y a comunicar lo que observan en su entorno.
La Municipalidad de Paraná eligió un punto de apoyo sensible: la escuela. Ahí confluyen estudiantes y una red de confianza que puede multiplicar la prevención. Si el monitoreo se sostiene, la ovitrampa deja de ser un objeto y se vuelve información útil para la comunidad.
El nuevo ciclo de monitoreo se apoya en la participación de los alumnos de la Marcelino Román y en la instalación de ovitrampas en sus hogares. La secretaria de Salud, Claudia Enrique, repasó las medidas de prevención que acompañan la iniciativa.
No alcanza con colgar una ovitrampa y esperar. La campaña necesita continuidad, explicación y acompañamiento. Si los estudiantes entienden qué están haciendo, la tarea se vuelve más seria y menos improvisada. Y si la comunidad entiende el mensaje, la prevención deja de ser un eslogan y pasa a ser práctica cotidiana.
La prevención no es un asunto menor cuando se trata de dengue. Es una cuestión de salud pública, de organización territorial y de sentido común. Si el monitoreo se mantiene, la ciudad gana una herramienta concreta para leer el riesgo antes de que la enfermedad avance.