Veinticinco años de historia y 220 puestos de trabajo se fueron al piso de un día para el otro. Express Beer, la empresa que prestaba servicios logísticos para Cervecería y Maltería Quilmes, cerró sus puertas sin previo aviso, dejó de abonar salarios y aguinaldos, y despidió a la totalidad de su planta.
El golpe fue directo al bolsillo y a la mesa de 220 familias que de un momento a otro se encontraron sin trabajo, sin cobrar lo que ya habían ganado y sin certeza de cuándo o si van a ver una indemnización. No es un rumor ni una amenaza sindical: la empresa cesó sus operaciones y el daño está hecho.
El Sindicato de Camioneros no tardó en reaccionar. Declaró el estado de emergencia y salió a reclamar con fuerza el pago de las indemnizaciones correspondientes. La pregunta que queda flotando es inevitable: ¿cómo una empresa que operó durante un cuarto de siglo para una de las cervecerías más grandes del país puede cerrar dejando semejante pasivo laboral sin resolver?
El vínculo entre Express Beer y Quilmes era de larga data, lo que hace más difícil de entender —o más fácil de sospechar— que el desenlace haya tomado por sorpresa a todos. En el mundo de la logística tercerizada, cuando la empresa madre decide cambiar de operador o internalizar el servicio, los trabajadores del contratista suelen quedar en el aire. Y eso, en el contexto económico actual, con inflación que no para y paritarias que corren de atrás, es una catástrofe.
Los 220 despedidos esperan ahora que tanto la empresa como la cervecería den respuestas concretas. Camioneros tiene la representación y la presión sindical como herramienta, pero los tiempos judiciales y las negociaciones suelen ser lentos mientras las facturas no esperan. El estado de emergencia declarado por el gremio es la primera señal de que esta pelea no va a quedar en silencio.