¿Cuántas Ailén Oggero más tienen que morir para que la Justicia entienda que cada minuto perdido puede ser fatal? La Legislatura de Santa Fe acaba de suspender por 90 días sin goce de sueldo a una fiscal por las demoras que permitieron que un femicidio se consumara cuando pudo haberse evitado.
La enfermera Ailén Oggero fue asesinada a balazos en 2025 por su exnovio, en un crimen que conmocionó a la provincia vecina. Pero lo que más duele es saber que había una causa de violencia de género en marcha contra el agresor, una investigación que avanzaba con una lentitud que hoy se paga con una vida perdida.
La sanción llegó después de que se comprobaran irregularidades en la investigación previa al femicidio. La fiscal a cargo había recibido denuncias, tenía elementos para actuar, pero los tiempos de la burocracia judicial se impusieron sobre la urgencia de proteger a una mujer en peligro. Noventa días sin cobrar es el precio que paga por esa negligencia.
El caso de Ailén se suma a una lista que no para de crecer en todo el país. Mujeres que denuncian, que piden ayuda, que confían en un sistema que después las abandona a su suerte. La causa por el crimen sigue abierta, pero ¿de qué sirve buscar justicia cuando ya es demasiado tarde?
La suspensión de la fiscal es apenas un gesto, una medida que llega cuando el daño ya está hecho. Porque mientras los expedientes duermen en los escritorios, las amenazas se vuelven realidad y los femicidas actúan con la impunidad que les da un sistema lento e ineficaz.