Un caramelo Cristal salía más caro que la hora de estacionamiento medido en Paraná. Esa comparación del concejal Felipe Sastre en diciembre pasado parece hoy una broma cruel. La nueva tarifa de $455 a $560 por hora desató una tormenta de bronca que tiene al microcentro en pie de guerra.
¿El resultado? Un empleado que trabaja ocho horas debe desembolsar entre $72.000 y $82.000 mensuales solo para estacionar. “Es un tarifazo delirante”, disparó Convicción Peronista en redes sociales, y la frase pegó como cachetazo en horario central.
La concejal Carolina Amiano (PJ) había advertido en diciembre que fijar tarifas era facultad legislativa, no del Ejecutivo. Su bloque había visto un borrador que llevaba la hora a $800 —un aumento del 800%— pero el municipio dio marcha atrás parcialmente. Parcialmente, porque el golpe igual duele.
Gómez Hernández, de Convicción Peronista y ex propietaria de una blanquería que cerró por la crisis, puso el dedo en la llaga: “Los comerciantes no están ocho horas, pasan el día entero en sus locales. No podés castigarlos. Los llevás a que cierren, a que dejen personas sin empleo”.
Los números son demoledores: según el gremio de comercio, en lo que va de 2026 ya se destruyeron más de 270 puestos de trabajo genuinos, superando los despidos de todo el año anterior. “Todos los días vemos persianas que se bajan por la falta de ventas”, remarcan desde la oposición.
La propuesta alternativa es clara: indexar la tarifa al incremento salarial. Si se toma como referencia la suba de los empleados de comercio en estos dos años y medio (59% en 2024, 24% en 2025 y 5% en 2026), el aumento debería rondar el 90%, no el 400 o 500% actual.
Mientras tanto, el municipio planea invertir $60 millones en ampliar la peatonal. “¿Para qué? ¿Para poner un par de luces, un par de bancos? Si no hay ventas”, cuestiona Gómez Hernández. La pregunta queda flotando en el aire como el humo de los comercios que van cerrando uno tras otro.