La radiografía es demoledora. Los concursos preventivos de empresas se multiplican como hongos después de la lluvia, y desde Industriales Pymes Argentinos ya encendieron todas las alarmas. La entidad nacional no se anduvo con vueltas: el panorama empresarial está al borde del precipicio.
¿Qué significa esto en criollo? Que cada vez más empresas están tocando el timbre del juez para que las protejan de los acreedores mientras intentan reorganizar sus deudas. Es la antesala del cierre definitivo, el último manotazo de ahogado antes de bajar las persianas para siempre.
La entidad no se quedó en el diagnóstico y apuntó directo al Congreso Nacional. Exigen que se pongan las pilas con el proyecto de ley de emergencia económica que duerme en los cajones legislativos. Según advierten, sin esa herramienta legal, el cierre masivo de empresas va a ser inevitable.
El contexto no ayuda nada. La recesión económica, los costos laborales disparados, la presión impositiva y la falta de crédito tienen a las pymes en una encrucijada sin salida. Muchas que resistieron la pandemia ahora no pueden con la tormenta perfecta de la crisis actual.
Entre Ríos no es ajena a esta realidad. Las pequeñas y medianas industrias de Paraná, Concordia y Gualeguaychú vienen sintiendo el golpe en carne propia. Los empresarios locales miran con preocupación cómo sus pares del país buscan refugio judicial para no desaparecer del mapa.
La pelota está ahora en la cancha de los diputados y senadores. Mientras ellos debaten, las empresas siguen sangrando y los trabajadores miran con angustia si mañana van a tener trabajo. El tiempo se agota y la emergencia económica ya no es una opción: es una necesidad urgente.