De 700 productores a menos de 140. Ese es el retrato brutal del sector arrocero en San Salvador, la ciudad que se jacta de ser la Capital Nacional del Arroz y que hoy mira con angustia el inicio de la preparación de tierras sin saber si habrá créditos para arrancar la campaña.
El panorama lo describió con crudeza el titular de la Filial San Salvador de la entidad arrocera local: “Reina mucha incertidumbre en una época en la que comienza la preparación de la tierra”. La salida que reclaman es concreta: acceso a créditos del Banco Nación acordes al contexto, algo que, según admiten, “por el momento no estamos consiguiendo”. Sin ese apoyo, advierten, la cadena arrocera entera tambalea.
El combustible fue uno de los golpes más duros de la última campaña. El sector utiliza entre 400 y 600 litros de gasoil por hectárea para el riego, que se extiende aproximadamente 100 días según la variedad. Lo que antes representaba el 32% del costo operativo trepó al 54% en poco tiempo: el litro de gasoil pasó de 1.600 pesos a 2.400 pesos entre el inicio de las labores y la zafra. “Nos sorprendió, nos golpeó muy fuerte y nos sacó completamente de la ecuación”, reconoció el referente del sector, aunque subrayó que la voluntad de seguir apostando al arroz sigue intacta.
Los rindes de la campaña reciente tampoco alcanzaron para tapar los agujeros. El productor Víctor Odiard fue directo: “Cerramos una buena campaña en materia de rindes, pero pésima en materia de precios”. Se obtuvieron entre 8.000 y 8.500 kilos por hectárea, valores considerados buenos para la zona, pero muy por debajo de los 12.500 kilos mínimos necesarios para cubrir costos. El precio por tonelada cayó de los 400 a 420 dólares que se registraron en la campaña 2023/24 a apenas 220 dólares actuales. Quien pudo retener la producción aguardando mejor precio tuvo algo de alivio; el pequeño y mediano productor, obligado a vender rápido, no tuvo esa opción.
La advertencia más grave apunta al futuro inmediato: si no aparecen señales concretas de financiamiento, la provincia podría perder entre 15.000 y 20.000 hectáreas adicionales destinadas al cultivo, sumándose a las ya resignadas en las dos campañas anteriores. Los suelos vertisoles de la zona son considerados ideales para el arroz y prácticamente no tienen cultivo sustituto viable, lo que hace aún más difícil recuperar lo perdido una vez que un productor abandona. El reloj corre y las señales que espera el sector todavía no llegaron.