Estaba todo calculado para ser una celebración perfecta del gobierno libertario, pero el acto del 25 de Mayo en Gualeguaychú terminó siendo el escenario de un duro enfrentamiento entre la comunidad y el intendente Esteban Davico. La fiesta patria quedó atravesada por la protesta social más inesperada.
Docentes y trabajadores estatales se plantaron frente al palco oficial con pancartas que no dejaban lugar a dudas: “Vergüenza”, “No a la reforma previsional” y por la defensa del “82 por ciento móvil”. El reclamo apuntaba directo al proyecto presentado el viernes pasado por el Ejecutivo provincial ante la Legislatura.
Hasta ese momento, “Palito” Davico venía jugando con pelota dominada, luciendo su sonrisa gardeliana de siempre. Pero la espontánea protesta, que tuvo la adhesión masiva del público asistente, le cambió la sonrisa por un gesto de incomodidad y desconcierto que no pudo disimular.
La reacción del intendente fue inmediata y reveladora: “Ustedes tienen todo el derecho de reclamar y de hacer lo que corresponda, pero acá no”, disparó nervioso. “Hay gurises que están desde las 3 de la mañana trabajando con los padres, alumnos y docentes. Los invito a que disfruten este día patrio en paz o los invito a retirarse”.
¿En serio pensaba que la gente se iba a retirar? La respuesta fue un rotundo no. Los manifestantes se quedaron plantados, demostrando que cuando la bronca es genuina, no hay protocolo que la contenga.
Para coronar su alocución, Davico apeló al lugar común de siempre: “La Argentina sale adelante todos juntos”. Claro que su concepto de “unidad” parecía ser la aceptación silenciosa de las políticas de ajuste del gobierno nacional, secundadas por los gobiernos provincial y municipal. Algo con lo que, evidentemente, los asistentes al acto no estuvieron para nada de acuerdo.
El episodio desnudó una realidad que muchos intendentes prefieren ignorar: la paciencia social tiene límites, y cuando se toca el bolsillo de los trabajadores, hasta los actos más protocolares pueden convertirse en tribunas de protesta. En Gualeguaychú quedó claro que la fiesta patria de este año tuvo un sabor muy amargo para el oficialismo.