¿Será que finalmente alguien se animó a tocar el avispero fiscal que tiene a las empresas argentinas pagando impuestos por todos lados? Luis Caputo confirmó que el gobierno nacional evalúa convocar un nuevo consenso fiscal este año, con un objetivo claro: bajar Ingresos Brutos, tasas municipales y otros gravámenes que forman parte del famoso “costo argentino”.
La movida no surge de la nada. Detrás de esta iniciativa están las gestiones del gobernador Rogelio Frigerio y los empresarios de la Unión Industrial Argentina (UIA), que vienen martillando hace meses sobre la necesidad de simplificar el laberinto tributario que asfixia a la producción nacional. Entre Ríos, con su perfil industrial y agropecuario, es una de las provincias que más sufre esta maraña de impuestos superpuestos.
El consenso fiscal que tiene en mente Caputo apunta directamente a los gravámenes que más complican la competitividad: Ingresos Brutos provincial, tasas municipales de seguridad e higiene, y otros tributos locales que se acumulan como capas de una cebolla fiscal. La idea es que las provincias y municipios acepten reducir o eliminar algunos de estos impuestos a cambio de compensaciones desde Nación.
Pero acá viene lo picante: ¿van a estar dispuestas las provincias a resignar ingresos genuinos en plena crisis económica? Los gobernadores, incluido Frigerio, saben que bajar Ingresos Brutos significa menos plata en las arcas provinciales, y eso en tiempos de ajuste no es menor. La clave estará en qué ofrece Nación a cambio y si realmente alcanza para compensar la pérdida de recaudación.
La UIA viene insistiendo con que Argentina tiene una de las cargas tributarias más complejas del mundo, con empresas que llegan a pagar hasta 140 tipos de impuestos diferentes entre nacional, provincial y municipal. Es una locura que hace que producir acá sea más caro que importar, algo que va en contra de cualquier lógica de desarrollo industrial.
El timing de este anuncio no es casual. Con la economía mostrando algunos signos de recuperación y la inflación bajando, el gobierno busca dar señales de que va en serio con la competitividad estructural. Frigerio, que conoce bien el tema por su paso por el ministerio del Interior durante el macrismo, sabe que sin consenso fiscal real es muy difícil bajar el costo de producir en Argentina.
Ahora habrá que ver si las buenas intenciones se traducen en hechos concretos. Los antecedentes de consensos fiscales en Argentina no son precisamente alentadores, con acuerdos que muchas veces quedaron en letra muerta o se cumplieron a medias. Esta vez, con la presión empresaria y el respaldo de gobernadores como Frigerio, tal vez sea diferente.