La tensión se cortaba con cuchillo en Concepción del Uruguay. Los trabajadores de Granja Tres Arroyos esperaban respuestas concretas, pero la audiencia terminó en un rotundo fracaso. Sin acuerdo y con más bronca que antes.
En la mesa se sentaron representantes del S.T.I.A. y del Sindicato de La Carne frente a los directivos de la empresa. El resultado fue predecible: cuarto intermedio y trabajadores que siguen esperando su plata. Las propuestas patronales fueron consideradas inasumibles por los empleados, que ya cargan con meses de demoras en un contexto económico que no perdona.
Pero acá hay algo más grave que los sueldos impagos. La empresa también retiene las cuotas alimentarias, y eso ya es tocar donde más duele. Son menores los que están pagando el costo de esta crisis empresarial, familias enteras que no pueden cubrir gastos básicos como alquiler y comida.
Esta mañana, las familias de los trabajadores se plantaron en las puertas de la empresa. El hartazgo era evidente. “Nos quieren dar un porcentaje pero no saben cuánto”, se escuchó en un audio que circuló durante la protesta. La incertidumbre es lo que más bronca genera: promesas vagas mientras los chicos esperan que llegue la plata para comer.
El S.T.I.A. no se quedó callado y subrayó la gravedad del conflicto. Hablan de “resguardar los derechos de los trabajadores y de los menores”, pero las palabras no pagan facturas. La situación se está volviendo insostenible para hogares que dependen exclusivamente de esos ingresos.
La empresa tendrá que volver a la mesa con propuestas más serias si quiere evitar que esto escale. Porque una cosa es demorar sueldos y otra muy distinta es jugar con la comida de los pibes. En Concepción del Uruguay ya saben que la paciencia tiene límites, y este conflicto está llegando peligrosamente cerca de ese punto.