¿Qué le pasa a Javier Milei? La pregunta ya no se hace solo en los cafés porteños o en las redacciones. Ahora son sus propios ministros y funcionarios los que susurran por lo bajo que el Presidente vive en un estado de agitación permanente que contamina toda la administración.
No hay paz en la Casa Rosada. Y cuando el jefe no tiene sosiego, nadie lo tiene. Patricia Bullrich y Guillermo Francos ya blanquearon, con palabras prudentes pero firmes, el inestable estado anímico con el que gobierna Milei. Algo que antes no se atrevían a hacer públicamente.
El caso Adorni vino a desnudar la situación: hay ministros que consideran inadmisible seguir sosteniendo al jefe de Gabinete, pero no se animan a decírselo al Presidente en la cara. Van por la calle y desconocidos les preguntan por el supuesto enriquecimiento ilícito del funcionario. “Más que fingir demencia, ya parecemos todos boludos”, confesó uno de los integrantes de la mesa política.
El líder libertario ha agredido, a lo largo de estos dos años y medio, a la mayoría del Círculo Rojo: desde empresarios poderosísimos hasta cronistas de TV. Esta semana subió un peldaño más: acusó a la periodista Débora Plager de ser cómplice de un genocidio. Simplemente porque expresó estar a favor de la despenalización del aborto.
Lo paradójico es que esta semana la Casa Rosada tuvo dos noticias muy favorables. YPF anunció una inversión de 25 mil millones de dólares en Vaca Muerta para los próximos 15 años. Y la inflación de abril cedió al 2,6%, entrando en un tobogán que podría cumplir la promesa presidencial de llevarla a cero.
Pero los escándalos y las reacciones presidenciales se devoran las noticias positivas. Antes Milei se irritaba cada tanto, frente a determinados estímulos. Hoy parece convivir en estado de agitación constante. Crea enemigos por todos lados, los ataca y no los suelta. Incluso le cuesta perdonar: hay personas que le escribieron para pedirle disculpas y el Presidente, lejos de ser magnánimo, los siguió hostigando.
En Entre Ríos, donde el gobernador Rogelio Frigerio mantiene una relación pragmática con la Casa Rosada, también observan con preocupación este derrotero. ¿Puede gobernar un país quien parece no encontrar momentos de calma? La pregunta ya no es solo periodística: es institucional.
Con informacion de: Clarin.