Un nuevo golpe arancelario llegó desde Washington y Argentina no quedó afuera. La administración de Estados Unidos comenzó a aplicar un gravamen de hasta el 12,5% sobre productos importados de 60 países, y el nuestro figura entre los que reciben la alícuota más alta del esquema.
No es un detalle menor. Quedar en la franja máxima del impuesto implica que las exportaciones argentinas que ingresan al mercado norteamericano enfrentarán un costo adicional que puede erosionar su competitividad frente a otros proveedores que quedaron fuera de la lista o en escalas menores. La pregunta que nadie en el gobierno puede esquivar es cuánto de eso se va a absorber en el precio y cuánto se va a perder directamente en volumen de ventas.
El nuevo esquema arancelario de EE.UU. se enmarca en una política comercial que la administración estadounidense viene profundizando con distintos socios y competidores globales. La lista de 60 naciones alcanzadas es amplia, pero no todos cargan el mismo peso: Argentina, al quedar en el techo del 12,5%, enfrenta una desventaja comparativa respecto a aquellos países que negociaron condiciones más favorables o que directamente no fueron incluidos.
El impacto concreto dependerá de qué productos específicos están alcanzados por el gravamen y cuál es el volumen de comercio bilateral en juego. Sin embargo, la señal política y económica es clara: el acceso al mercado estadounidense se encarece, y eso tiene consecuencias directas para los sectores exportadores argentinos que apuntan al norte del continente.
En un contexto donde el gobierno nacional de Javier Milei viene apostando fuerte a una recomposición de la relación con Estados Unidos, esta medida llega como una variable incómoda que complica el tablero. La diplomacia comercial tendrá que dar respuestas concretas sobre cómo se negocia o mitiga este nuevo costo para la producción nacional.