La paritaria de empleados de comercio cerró un nuevo acuerdo salarial que combina aumento escalonado y un refuerzo de bolsillo: 5,7% en tres tramos y una asignación extraordinaria de $50.000. El acuerdo empieza a regir desde julio y marca el ritmo del sector hasta que las partes vuelvan a sentarse en la mesa.
La negociación entre el gremio y las cámaras empresarias terminó con un número que, en el contexto de la economía argentina, no genera euforia pero tampoco portazos. Tres tramos para distribuir el impacto sobre las nóminas y un bono que llega directo al bolsillo de los trabajadores: esa fue la arquitectura del entendimiento. La lógica es conocida: escalonar para que las empresas puedan absorber sin sacudones y garantizar algo de previsibilidad en un mercado laboral que sigue bajo presión.
El punto clave del acuerdo no es solo el porcentaje sino la cláusula de revisión en octubre. Las partes acordaron reencontrarse para evaluar cómo evolucionó la economía en ese período. Es, en la práctica, una válvula de seguridad: si la inflación acelera o el poder adquisitivo se deteriora más de lo previsto, habrá instancia para renegociar. Si la economía da señales de estabilización, el acuerdo podría mantenerse sin grandes cambios.
Para los trabajadores del sector, el bono de $50.000 representa un ingreso extra inmediato que no se incorpora al básico, lo que implica que no arrastra para futuras negociaciones. Es un recurso que los empleadores suelen preferir precisamente por eso: impacto directo sin efecto acumulativo en la escala salarial. El gremio, por su parte, lo defiende como una herramienta para compensar el retraso acumulado en los meses previos.
Con este acuerdo, el sector comercial suma un capítulo más a una ronda paritaria que en 2026 se viene desarrollando en cuotas, al ritmo de una economía que todavía no termina de definir su velocidad de crucero. La próxima reunión en octubre será el verdadero termómetro de si este acuerdo alcanzó o si habrá que volver a negociar sobre la marcha.