El número no miente y duele: 90.634 trabajadores formales comenzaron a cobrar el seguro de desempleo en los primeros seis meses del año. Un 27,4% más que en el mismo período de 2025. No es una estadística fría, es gente que perdió el trabajo y tuvo que hacer el trámite para no quedarse sin nada.
Los sectores más golpeados son los de siempre cuando la economía aprieta: la industria, el comercio y la construcción. Tres pilares del empleo formal argentino que, juntos, concentraron la mayor parte de las nuevas altas a la prestación. Son los mismos rubros que emplean a miles de entrerrianos en Paraná, Concordia, Gualeguaychú y el interior de la provincia.
El seguro de desempleo es una prestación del sistema de seguridad social que cubre a trabajadores en relación de dependencia que fueron despedidos sin causa. Su duración y monto dependen de los años de aportes acumulados. No es un ingreso generoso, pero es el único colchón formal que tiene un empleado privado cuando queda en la calle.
Lo que el dato del semestre revela es una tendencia que no se revirtió: el mercado laboral formal sigue expulsando trabajadores a un ritmo sostenido. Un salto de más de un cuarto respecto al año anterior no es una fluctuación menor, es una señal de que el ajuste económico en curso tiene un costo humano concreto y medible. Cada alta en el sistema es una familia que reorganiza su presupuesto, que posterga gastos, que espera que el mercado vuelva a absorberla.
El desafío hacia el segundo semestre es si esa curva empieza a ceder o si los números de julio en adelante consolidan la tendencia. Por ahora, el seguro de desempleo sigue siendo el termómetro más honesto del estado real del empleo en Argentina.