No hubo margen para nada. El impacto fue frontal, brutal, y el resultado fue el peor posible: dos personas murieron tras el choque entre una Volkswagen Amarok y un camión de transporte de combustibles sobre la Ruta Nacional 33.
Las víctimas tenían 66 y 67 años y viajaban juntas en la camioneta cuando se produjo el siniestro. Uno de los ocupantes falleció en el lugar del hecho, sin posibilidad de atención médica que cambiara el desenlace. El otro fue trasladado a un hospital, donde resistió algunas horas antes de morir.
El choque frontal entre un vehículo particular y un camión de gran porte es, en la estadística vial, una de las combinaciones más letales que existen. La diferencia de masa y estructura entre ambos rodados deja muy poco espacio para la supervivencia de quienes viajan en el vehículo menor. En este caso, la Amarok no tuvo chance.
La Ruta Nacional 33 vuelve a ser escenario de una tragedia que pone sobre la mesa una pregunta que nadie debería poder ignorar: ¿cuántos accidentes más hacen falta para que la seguridad vial en los corredores nacionales deje de ser una promesa y se convierta en una política real y sostenida? Las rutas argentinas siguen cobrando vidas con una regularidad que debería avergonzar a quienes tienen la responsabilidad de actuar.
Las autoridades intervinieron en el lugar para relevar el siniestro y determinar las causas exactas del impacto. La investigación está en curso.