El nivel de deuda de las familias y las pequeñas empresas entrerrianas empieza a encender luces de alerta. Alcides Balla, presidente de la Bolsa de Comercio de Entre Ríos, se reunió con el ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, y puso sobre la mesa una preocupación que crece semana a semana: la morosidad avanza y el consumo no despega.
Balla reconoció que los planes bancarios de refinanciación de pasivos existen y tienen algún efecto, pero dejó en claro que no alcanzan. El diagnóstico es simple y contundente: mientras las tasas de interés sigan siendo las que son, el alivio es cosmético. Las familias siguen pagando deudas caras y las pymes no encuentran financiamiento accesible para girar.
La propuesta que llevó la Bolsa de Comercio apunta al mercado de capitales como herramienta de alivio. La idea es abrir alternativas que permitan a las pequeñas y medianas empresas acceder a fondos en condiciones más razonables, sin depender exclusivamente del crédito bancario tradicional, que hoy tiene un costo que ahoga más que ayuda.
El pedido de fondo, sin embargo, es el de siempre y el más difícil de conseguir en este contexto: que bajen las tasas. Sin eso, cualquier plan de refinanciación es una solución de parche. Y sin reactivación del consumo interno, las pymes no venden, no generan caja y no pueden pagar. El círculo vicioso se sostiene solo.
La reunión entre Balla y Caputo pone en evidencia que el ajuste tiene costos concretos en la economía real entrerriana. Los números macro pueden mostrar cierto equilibrio, pero en la calle —en el comercio, en el taller, en la familia que llega justa a fin de mes— la presión financiera es una realidad cotidiana que no admite eufemismos. La Bolsa de Entre Ríos eligió decirlo en voz alta y en la cara del ministro.