El lunes arrancó con sorpresa en Paraná: una densa capa de niebla cubrió la ciudad durante las primeras horas de la mañana y redujo la visibilidad a apenas 300 metros, convirtiendo cada esquina en una incógnita y cada acceso en una trampa potencial para quien manejara distraído.
El fenómeno afectó la circulación en calles céntricas, accesos y rutas de la región. Los conductores que salieron temprano se encontraron con una postal invernal poco habitual: faros encendidos en plena mañana, velocidades reducidas y una calma tensa que no siempre se respeta cuando el reloj apremia.
Las recomendaciones de tránsito son claras y vale la pena repetirlas: reducir la velocidad, encender las luces bajas y, sobre todo, evitar maniobras de sobrepaso. En condiciones de baja visibilidad, el metro que separa dos vehículos puede ser el que marque la diferencia entre llegar bien o no llegar.
La niebla es uno de esos fenómenos que subestimamos porque no hace ruido, no tira granizo ni corta la luz. Pero estadísticamente es uno de los factores más frecuentes en accidentes de ruta durante el invierno entrerriano. La Ruta Nacional 18 y los accesos a la ciudad son los puntos donde el riesgo se concentra cuando la visibilidad cae a estos niveles.
Se espera que la niebla se disipe a medida que avance la mañana y suban las temperaturas, pero hasta entonces la recomendación es simple: salir con tiempo, manejar despacio y no confiar en que el otro conductor también está viendo bien.