Hay reconocimientos que llegan como una formalidad y hay otros que tocan hueso. El que recibió Héctor Motta en Crespo parece ser de los segundos: la distinción de Ciudadano Ilustre para un empresario que construyó su vida y su familia en esa ciudad entrerriana, y que no oculta el orgullo de haberlo hecho ahí.
Motta recibió la distinción y eligió no guardarse nada. “Siempre quiero lo mejor para Crespo, para que sea el faro encendido de la provincia y por qué no del país”, dijo ante quienes lo acompañaron en el acto. Una declaración que en boca de otro podría sonar a discurso de ocasión, pero que en su caso viene respaldada por años de trabajo concreto en la zona.
El empresario resaltó algo que Crespo tiene como marca propia y que no siempre se pondera lo suficiente: el espíritu emprendedor de su gente. Una ciudad del departamento Paraná que supo construir una identidad productiva sólida, con raíces en la colonización agrícola y una cultura del trabajo que todavía se palpa en su tejido comercial e industrial.
Motta se mostró orgulloso de ser crespense y de haber elegido esa ciudad no solo para trabajar sino para echar raíces. En un tiempo donde muchos eligen las grandes urbes para desarrollarse, ese gesto tiene su propio peso simbólico. “Concreté acá mi vida y mi familia”, subrayó, y en esa frase cabe más que cualquier currículum.
La distinción de Ciudadano Ilustre es uno de los reconocimientos más altos que una comunidad puede otorgar a uno de los suyos. En este caso, Crespo eligió a alguien que no se fue a buscar fortuna afuera sino que apostó al lugar donde creció. Un dato que, en el contexto actual de la provincia y del país, vale la pena registrar.