Diecinueve meses consecutivos de aumento. No es un tropiezo ni una mala racha puntual: la morosidad en créditos en la Argentina lleva más de año y medio escalando sin pausa, y los números de mayo de 2026 volvieron a confirmar la tendencia. La tasa de mora alcanzó el 12,7%, una cifra que ya no admite eufemismos.
El dato más duro no es el porcentaje en sí, sino lo que representa en personas concretas: casi siete millones de argentinos quedaron directamente excluidos del circuito formal de financiamiento. Eso significa que no pueden acceder a un crédito bancario, no califican para una tarjeta, no tienen espalda financiera para ninguna emergencia que no puedan resolver de contado. En un país donde la economía informal ya es enorme, este número agrega una capa más de vulnerabilidad.
Entre los más afectados aparecen los jóvenes, el segmento que más dificultades tiene para ingresar al sistema y que, cuando cae en mora, queda marcado por años. La exclusión crediticia no es solo un problema financiero: es una barrera concreta para alquilar, emprender, comprar en cuotas o simplemente planificar. Cuando el sistema te cierra la puerta, las opciones que quedan suelen ser más caras y más riesgosas.
El informe elaborado con datos del Banco Central refleja un proceso que viene de lejos. La inflación de los últimos años licuó ingresos, los créditos se encarecieron y muchas familias que antes podían sostener sus compromisos financieros dejaron de poder hacerlo. Aunque la inflación bajó en los últimos meses, el daño acumulado en los bolsillos todavía no se revirtió, y la mora es el termómetro más claro de esa realidad.
Diecinueve meses es mucho tiempo para que una tendencia se consolide. La pregunta que empieza a instalarse es cuándo y cómo se frena este ciclo, porque cada mes que pasa, la base de excluidos se amplía y la recuperación se vuelve más lenta y más costosa.