El gasoil encendió la mecha y el arroz entrerriano está pagando las consecuencias. Productores y molineros del sector arrocero de Entre Ríos salieron a advertir públicamente que la ecuación ya no cierra: los costos subieron con fuerza, los precios del grano no acompañaron, y el resultado más concreto y doloroso ya tiene nombre y apellido: despidos en los molinos.
La frase que resume todo la dijo un referente del sector sin rodeos: “Ya hay despidos en los molinos arroceros porque los números no cierran”. No es una advertencia abstracta ni una proyección pesimista. Es lo que está pasando ahora mismo en las plantas procesadoras de una de las cadenas agroindustriales más importantes de la provincia.
El diagnóstico tiene varias capas. Por un lado, el fuerte aumento del gasoil golpeó de lleno en una actividad que depende del transporte y del secado del grano para funcionar. Por otro, el complejo arrocero arrastra una caída del 19% en las exportaciones, un dato que por sí solo ya encendería alarmas en cualquier mesa sectorial. La combinación de ambos factores dejó a productores y molineros en una posición muy incómoda: más costos, menos ingresos, menos mercado externo.
Lo que irrita al sector es la asimetría. Los costos operativos subieron de manera sostenida, pero el precio del arroz no fue acompañando esa suba. Esa brecha, que en otra época se podía absorber con reservas o con volumen exportado, hoy ya no tiene margen. Y cuando no hay margen, lo primero que se ajusta es el empleo.
Entre Ríos es una de las provincias arroceras por excelencia del país. Federación, Chajarí y la zona del norte entrerriano concentran buena parte de la producción, con molinos que dan trabajo directo e indirecto a miles de familias. Que esos molinos estén recortando personal no es un dato menor: es una señal de que la crisis sectorial dejó de ser potencial para volverse real.
La pregunta que queda flotando es si el gobierno provincial o el nacional tienen alguna respuesta concreta para este cuadro. El gobernador Rogelio Frigerio conduce una gestión que ha priorizado el equilibrio fiscal y la apertura económica, pero sectores como el arrocero necesitan algo más que buenas intenciones: necesitan una política de costos energéticos que no los asfixie y condiciones de competitividad exportadora que les permitan recuperar los mercados perdidos. Hasta que eso no ocurra, los despidos seguirán siendo la respuesta más cruel a una ecuación que nadie en el sector quiso que llegara a este punto.