Un adolescente de 15 años terminó internado con fracturas de tibia y peroné después de ser embestido por una camioneta conducida por una mujer que manejaba en estado de ebriedad. El test de alcoholemia no dejó dudas: 0,88 gramos de alcohol por litro de sangre, casi el doble del límite permitido.
El impacto fue brutal. El pibe, que circulaba en su bicicleta, no tuvo chances de esquivar la camioneta que se le vino encima. Las fracturas en ambas piernas lo dejaron tirado en el asfalto, mientras la conductora intentaba explicar lo inexplicable: cómo terminó manejando con semejante nivel de alcohol en sangre.
¿Qué pasaba por la cabeza de esta mujer cuando decidió ponerse al volante? El 0,88 de alcoholemia no es un descuido, es una decisión consciente de convertirse en un proyectil letal. Mientras el adolescente lucha contra el dolor en el hospital, ella tendrá que explicarle a la Justicia por qué su diversión valía más que la vida de un pibe.
Los médicos confirmaron que el joven está estable pero con un largo proceso de recuperación por delante. Las fracturas requieren cirugía y meses de rehabilitación. Una vida que cambió para siempre por la irresponsabilidad de alguien que no midió las consecuencias de sus actos.
El caso quedó en manos de la Fiscalía, que investiga el hecho como lesiones culposas agravadas por el estado de ebriedad de la conductora. La mujer fue demorada y se le secuestró el vehículo, mientras el adolescente y su familia enfrentan una pesadilla que pudo haberse evitado con un simple llamado a un remis.