Las calles de Concordia se tiñeron de tragedia en la madrugada del domingo. A las 3:30, en la intersección de Carriego y San Juan, un conductor borracho convirtió una noche cualquiera en pesadilla para una familia entera.
Sergio Daniel Chávez, de apenas 20 años, circulaba en su Motomel 150 acompañado por una joven de 21 cuando un Ford Focus los embistió con violencia brutal. El impacto fue tan feroz que ambos ocupantes de la moto fueron despedidos del rodado como muñecos de trapo.
El detalle que duele: ninguno llevaba casco. Esa omisión, sumada a la irresponsabilidad criminal del automovilista, selló el destino del joven. Chávez murió en el lugar, mientras su acompañante fue trasladada de urgencia al Hospital Delicia Concepción Masvernat.
¿Y el responsable de esta masacre? Un hombre de 65 años que salió ileso del choque pero no pudo escapar de la evidencia. El test de alcoholemia fue demoledor: 2,18 gramos de alcohol por litro de sangre. Más del doble del límite legal. Una bomba de tiempo circulando por las calles concordienses.
Los fiscales José Arias y Mario Figueroa ya tomaron cartas en el asunto y encabezan la investigación que determinará las responsabilidades penales. Mientras tanto, Policía Científica y agentes de Tránsito trabajaron en el lugar para reconstruir la mecánica del siniestro.
La pregunta que queda flotando es inevitable: ¿cuántas tragedias más necesitamos para que algunos entiendan que manejar borracho es una sentencia de muerte? Sergio tenía 20 años y toda una vida por delante. Ahora es solo otra estadística en las calles entrerrianas.