Un expediente que sobrevivió de milagro a la destrucción ordenada en los años 70 guarda una historia que pocos conocían. Celia de la Serna, la madre del Che Guevara, fue detenida en Concordia el 23 de abril de 1963 por ingresar al país con material considerado propaganda comunista.
La semana pasada, Juan Martín Guevara viajó hasta Concepción del Uruguay para revisar ese expediente que casi se pierde para siempre. Un empleado judicial lo salvó de la destrucción guardándolo en un cajón durante décadas. Entre esas páginas amarillentas encontró algo que lo sorprendió: el pasaporte de su madre, lleno de sellos que nunca había visto.
“La primera fecha que aparece en el pasaporte es 5 de enero del 59“, cuenta Juan Martín. “¡La vieja lo sacó para viajar a Cuba!” El detalle es revelador: la columna del Che había entrado en La Habana el 1° de enero de 1959, y Celia tramitó inmediatamente su documento para ir a buscarlo.
Según Darío Fuentes, creador del museo del Che en San Martín de los Andes, el visado tiene fecha del 7 de enero del 59. “Eso significa que están en Cuba el 8 o 9 de enero, en un avión donde Camilo Cienfuegos decide cargar a la familia sin avisarle al Che”.
Pero la historia que terminó en los tribunales entrerrianos comenzó años después. En octubre de 1962, Celia inició otro viaje: después de una larga estadía en Cuba, recorrió varias ciudades europeas en un modesto periplo que le pagó su hijo. Praga, París, Florencia, Roma. Desde allí voló a Río de Janeiro, siguió en micro a Montevideo y finalmente cruzó en lancha desde Salto hasta Concordia.
Era poco después de las once de la mañana del 23 de abril cuando una empleada de la Aduana revisó su equipaje. Alicia González de Grunvaldt encontró lo que buscaba: material que infringía el decreto 8161/62, que prohibía el ingreso de propaganda comunista. La detención fue inmediata.
El interrogatorio que siguió tenía preguntas que sonaban más a reproches. “¿Cuál fue el motivo del viaje? ¿Se entrevistó con alguna persona en Europa? ¿Viajó sola? ¿Actúa dentro de una organización legalmente reconocida?”. Celia tenía 56 años y respondió con la tranquilidad de quien sabía que no había hecho nada malo.
¿Qué le secuestraron exactamente? Catorce fotografías, cuatro agendas con anotaciones, una insignia con la foto de Fidel Castro, la bandera cubana, distintivos del Ejército de Alfabetizadores y ejemplares del diario Marcha. Material que hoy parecería inofensivo pero que en plena Guerra Fría bastaba para una detención.
Juan Martín describe a su madre como “feminista de hecho“: montaba a caballo con pantalón y botas, fumaba, usaba pelo corto, manejaba automóvil. “Dentro de lo que era esa familia, era una persona totalmente rupturista”, dice. Y ese espíritu rebelde la llevó a recorrer el mundo siguiendo los pasos de su hijo más famoso, hasta terminar detenida en un puerto entrerriano que nunca imaginó que la recibiría de esa manera.