El silencio de un audio no te alcanza para que el miedo se vuelva denuncia. El miércoles 14 de octubre, los hijos de Nancy Godoy, maestra rural de Corrientes, denunciaron la desaparición de su madre: había salido el martes 6 y desde el miércoles 7 no había vuelto, salvo por ese mensaje. El caso, que hoy se conoce como un asesinato, se instaló en el Taragüi con tres líneas de investigación que mezclan violencia, denuncias escolares y un coto clandestino.
La primera versión llegó de un local, hoy detenido por falso testimonio, que dijo haber visto el cuerpo arrojado a un bañado y luego se retractó: según denunció, la policía lo apremió ilegalmente para que hiciera esa declaración. Los investigadores, sin embargo, requisaron en su domicilio prendas de vestir con manchas que están sujetas a peritaje. También quedaron detenidos Rosa Leguizamón y su pareja, Nahuel Rojas, por indicios que los vinculan a la causa.
El Ministerio Público Fiscal sospecha que Leguizamón le mintió a la maestra sobre que nadie de la estancia volvería a Esquina y que falseó la fecha de una fiesta de doma en Sauce. Después, fueron detenidos Ireneo Felipe Zarza, de 34 años, capataz de la estancia El Curupí, y Felipe Dionisio Sandoval, de 55. Zarza figura como presunto autor del asesinato; pernoctaba en un puesto tapera a 150 metros de la escuela rural y, según testimonios, se tornaba agresivo cuando bebía Wisky.
En el lugar donde el capataz solía hacer noche se encontraron prendas de vestir quemadas, también sujetas a peritaje. Su rutina, según los testimonios, incluía Wisky, y bajo esos efectos se tornaba agresivo. La cercanía con la escuela rural, a unos 150 metros, vuelve el dato incómodo. La investigación sigue con detenidos, peritajes y versiones que se contradicen.
Pero la hipótesis de un delito sexual no es la única: Godoy había denunciado irregularidades en la escuela contra el Gobierno provincial y funcionarios locales. En agosto, envió una carta a autoridades educativas tras una reunión con padres y vecinos, donde describió el deplorable estado del establecimiento, la falta de mantenimiento, los riesgos de accidentes y su imposibilidad de pasar las noches. Su hijo Adán señaló a Norberto Gamarra, exdirector, como un hombre en el radar: «No sabemos si es por el director anterior, por la denuncia que hizo mi mamá por el estado de la escuela, o por qué».
La denuncia no era menor: Godoy acusó a Gamarra de haber concurrido apenas tres veces en dos años y de seguir cobrando su salario, y también presentó una denuncia contra la supervisora escolar por falta de controles. Para embarrar más la causa, se conoció que en las inmediaciones de El Curupí funcionaría un coto de caza clandestino, algo irregular y prohibido cerca de una escuela. Fuentes regionales sostienen que los propietarios deberían ser indagados, aunque hasta ahora no ocurrió.
El crimen movilizó a entidades docentes de todo el país, que llamaron a un paro nacional. La necropsia indicó que algunas heridas presentaban signos macroscópicos, y la investigación continúa con detenidos, peritajes y una causa que todavía no tiene un responsable claro.