El termómetro no se decide y el cuerpo lo paga. Las últimas semanas de variaciones térmicas bruscas generaron un aumento notorio en las consultas por cuadros alérgicos en farmacias de Paraná, y los profesionales del sector ya encienden una señal de alerta: la automedicación puede complicar más de lo que resuelve.
Pablo Feifer, farmacéutico, explicó que ante síntomas como estornudos persistentes, picazón ocular, congestión nasal o erupciones en la piel, la primera reacción de muchas personas es ir directo a la góndola. El problema es que no todos los antihistamínicos ni descongestionantes son iguales, y elegir el medicamento equivocado puede enmascarar síntomas, generar efectos adversos o incluso empeorar el cuadro de base.
La recomendación es clara: antes de iniciar cualquier tratamiento, es fundamental contar con un diagnóstico médico. Las alergias pueden tener múltiples desencadenantes —ácaros, pólenes, hongos, cambios en la humedad ambiente— y lo que funciona para un paciente puede ser inútil o contraproducente para otro. Automedicarse es apostar a ciegas en un terreno donde la especificidad importa.
El contexto climático no ayuda. Los cambios de temperatura registrados en julio generaron condiciones propicias para que los alérgenos circulen con más intensidad, y el sistema inmune de personas sensibles responde con cuadros que van desde leves molestias hasta crisis que requieren atención urgente. La diferencia entre un resfrío común y una reacción alérgica no siempre es obvia a simple vista.
Desde las farmacias, el consejo es acompañar al paciente pero no reemplazar al médico. El farmacéutico puede orientar, informar sobre interacciones y advertir sobre contraindicaciones, pero la indicación terapéutica corresponde al profesional que realiza el diagnóstico. En temporadas de alta demanda como esta, la tentación de resolver rápido con lo que hay en el botiquín es comprensible, pero puede salir cara. Consultar siempre es la mejor inversión.