En un contexto donde el crédito escasea y las tasas aprietan, Banco Credicoop sale a marcar diferencia: el 70% de sus financiamientos va directo a pequeñas y medianas empresas. No es un dato menor en una provincia donde las pymes son el motor silencioso de la economía.
El gerente zonal de la entidad, Ismael Bongiovanni, lo dejó en claro: el banco cooperativo no cambió su ADN. Mientras otras entidades corren hacia los segmentos más rentables, Credicoop mantiene su histórica apuesta por el sector productivo, los comercios y las familias trabajadoras.
Bongiovanni repasó las líneas de crédito disponibles tanto para el segmento empresarial como para particulares. La oferta apunta a cubrir necesidades de capital de trabajo, inversión en equipamiento y también demandas del consumo familiar, en un año donde la recuperación del poder adquisitivo sigue siendo desigual y muchos hogares todavía necesitan financiamiento para llegar a fin de mes.
El modelo cooperativo tiene una lógica distinta a la banca tradicional: los socios son los dueños, y eso imprime una orientación diferente a la hora de decidir a quién prestarle. No hay accionistas externos presionando por rentabilidad trimestral; hay asociados que necesitan que el banco funcione como herramienta real de desarrollo.
En un escenario macroeconómico donde el gobierno nacional apuesta a la baja de la inflación y la reactivación del crédito privado, iniciativas como esta cobran relevancia. Las pymes entrerrianas, históricamente postergadas frente a las grandes empresas en el acceso al financiamiento, tienen en este tipo de entidades una ventana concreta. La pregunta que queda abierta es si las condiciones del mercado acompañarán para que esos créditos se transformen en inversión real y empleo genuino en la provincia.