Cosechar ya no es negocio. En Concordia y Federación, los citricultores enfrentan una de esas temporadas que duelen dos veces: trabajaron, la fruta creció, y aun así pierden plata. La solución que muchos encontraron es tan brutal como lógica: dejar que la fruta se pudra en las plantas, porque levantarla sale más caro de lo que vale.
El diagnóstico lo puso en palabras Pablo Molo, presidente de la Federación del Citrus de Entre Ríos (Fecier): «Hay sobrante de fruta y no hay más mercados. Y si por ahí podés ubicarla, tampoco te sirve cosecharla porque no cubrís el costo de la cosecha ni el flete. Directamente hay que dejar que se pierda». No hay margen para el optimismo forzado cuando los números hablan así de claro.
La mandarina es la variedad más golpeada. Esta campaña registró un incremento promedio del 30% en la producción, y en algunos establecimientos el salto llegó al 40% o 50% respecto del año anterior. Pero ese volumen extra no encontró a quién vendérselo: ni el mercado interno ni el exterior absorbieron el excedente. El resultado es una sobreoferta que hundió los precios hasta niveles insostenibles.
Los números son contundentes: producir y cosechar un kilo de mandarinas demanda entre 100 y 120 pesos, mientras que los productores reciben apenas entre 40 y 70 pesos por kilo, según la variedad. Cada cajón cosechado es, en la práctica, una pérdida. Y la paradoja es feroz: la recuperación productiva que llegó después de años de clima adverso y escasa inversión terminó chocando contra un mercado que no estaba en condiciones de recibirla.
El impacto es especialmente duro en Federación, donde la mayoría de los establecimientos son pequeños y no tienen actividad alternativa. «Somos más de mil productores, con un promedio de 25 a 30 hectáreas cada uno. Somos chicos y no tenemos otra producción paralela porque las parcelas no te dan para más», explicó Molo. Sin diversificación posible, la crisis citrícola es la crisis total.
Las variedades más comprometidas en esta etapa son Criolla, Nova y Dancy. En agosto comenzará la cosecha de Murcott y Encore, aunque desde Fecier estiman que su menor rendimiento no agravará el excedente. Una pequeña ventana, aunque insuficiente para revertir el daño acumulado.
Molo cerró con una advertencia que suena a pedido: «Esto ya pasó en otras épocas y se pudo salir de la crisis. Esperemos que no se caiga nadie porque el citricultor sabe de citricultura, nació y vive de la citricultura y no deberíamos perder a ninguno». El sector aguanta, pero la pregunta que nadie puede responder todavía es hasta cuándo.