Un brazo quebrado, más de un kilómetro caminando bajo el temporal, y la única preocupación puesta en los pasajeros. Así llegó el chofer del colectivo que volcó en Carmen de Areco hasta donde alguien pudo escucharlo.
Adrián Bustamante fue quien lo encontró y lo auxilió. Su relato es tan duro como elocuente: el conductor apareció en medio de la tormenta, con el brazo fracturado, buscando ayuda no para él sino para la gente que había quedado atrapada en el micro volcado. Un gesto que dice mucho sobre el hombre, y también sobre la magnitud del accidente.
El vuelco ocurrió durante un temporal que complicó las condiciones en la zona. Según el relato de Bustamante, el chofer estaba gravemente herido pero se mantuvo en movimiento, recorriendo más de un kilómetro hasta dar con alguien que pudiera alertar a los servicios de emergencia. La imagen es difícil de sacudir: un hombre en ese estado físico, priorizando a otros.
Lo que todavía no tiene respuesta clara es qué pasó con el segundo conductor. Las versiones que circulan indican que habría saltado de la cabina en el momento del vuelco para ponerse a salvo. Las autoridades lo buscan para establecer su paradero y su rol en los hechos. Por ahora, su versión no está disponible.
El accidente en Carmen de Areco volvió a poner sobre la mesa las condiciones en las que operan los servicios de larga distancia cuando el clima se pone en contra. La investigación sigue abierta mientras se reconstruye la secuencia exacta de lo ocurrido y se determina el estado de todos los involucrados.