El nombre Granja Tres Arroyos volvió a encender luces de alerta. Esta vez el escenario es Río Cuarto, Córdoba, donde la planta Avex paralizó su producción durante dos semanas. La noticia no sería mayor si no fuera por el contexto: lo que pasó en Entre Ríos con la misma empresa todavía duele, y los trabajadores del sector avícola saben bien de qué se trata cuando una multinacional empieza a frenar engranajes.
La empresa salió rápido a calmar las aguas. “La planta de Avex en Río Cuarto realizó una parada programada por dos semanas. Esta situación se planificó con tiempo y se coordinó con el personal y el sindicato”, indicaron desde la compañía. El comunicado tiene todos los ingredientes del manual de crisis corporativa: minimizar, enmarcar como rutina, mencionar al sindicato para dar señal de orden.
El problema es que ese guión ya se escuchó antes. En Entre Ríos, la crisis de Tres Arroyos no llegó de golpe: llegó con paradas, con anuncios tranquilizadores, con coordinaciones que después no alcanzaron para evitar el daño. Por eso la palabra “parada programada” no tranquiliza a nadie que haya seguido de cerca lo que ocurrió en la provincia.
La industria avícola es uno de los pilares económicos de Entre Ríos: miles de familias dependen directa e indirectamente de la cadena del pollo, desde los productores integrados hasta los trabajadores de planta. Cuando una empresa del peso de Tres Arroyos tambalea, el impacto no se queda en una sola provincia. Se derrama. Y Río Cuarto, que mira con preocupación lo que pasó al este del país, tiene razones concretas para no bajar la guardia.
La empresa no ofreció más detalles sobre los motivos de la parada ni sobre el cronograma de reanudación. Mientras tanto, el sector espera que la coordinación anunciada con el sindicato se traduzca en garantías reales para los trabajadores y que la situación no escale más allá de los catorce días prometidos.