Conseguir trabajo ya no es sinónimo de estabilidad. En el último año, más del 90% de las personas que lograron insertarse en el mercado laboral declaró que necesita trabajar más horas de las habituales para poder llegar a fin de mes. El dato es contundente y desnuda una realidad que muchos ya viven en carne propia: hay empleo, sí, pero los salarios no alcanzan.
El fenómeno tiene nombre técnico —subempleo por insuficiencia de horas— pero en la calle se llama de otra manera: rebusque, pluriempleo, agotamiento. Son trabajadores que suman un segundo turno, un segundo trabajo, o directamente estiran la jornada hasta donde el cuerpo aguanta, porque con lo que cobran en su puesto principal no cierran el mes. No es vagancia ni ambición: es necesidad.
El problema de fondo es la brecha entre los salarios que ofrece el mercado y el costo real de vida. Mientras la inflación de los últimos años erosionó el poder adquisitivo de manera sostenida, muchos convenios colectivos y acuerdos salariales no lograron recuperar terreno. El resultado es una masa de trabajadores formalmente empleados pero informalmente pobres: tienen recibo de sueldo, tienen obra social, pero no llegan al supermercado con lo justo.
¿Cuánto tiempo más puede sostenerse este esquema? La respuesta no es alentadora. Cuando el trabajador necesita duplicar su esfuerzo para cubrir lo básico, el sistema no está funcionando: está transfiriendo el costo del ajuste directamente al cuerpo y al tiempo libre de quienes menos tienen. No es un dato menor que esto afecte a quienes recién ingresaron al mercado, en su mayoría jóvenes y personas que venían de períodos de desempleo, los sectores con menor poder de negociación.
El desafío para la política económica y laboral es claro: generar empleo de calidad, no solo empleo. Un mercado que ofrece puestos de trabajo que no cubren las necesidades básicas no resuelve el problema de la pobreza; lo disfraza. Mientras esa brecha no se cierre, el pluriempleo y el agotamiento seguirán siendo la norma para una porción cada vez más grande de la fuerza laboral argentina.