Hubo un tiempo en que endeudarse era casi un negocio: la inflación se comía las cuotas antes de que vencieran. Ese tiempo terminó. Y quien no lo tenga claro puede estar caminando hacia un problema financiero serio.
El economista José Simonella encendió una señal de alerta concreta: los préstamos personales crecieron por encima de la inflación y también por encima de los ingresos de los trabajadores. La ecuación que antes favorecía al deudor ahora juega en su contra. La cuota no se achica con el tiempo, al contrario: pesa cada vez más en relación al salario real.
El dato más preocupante del análisis es el aumento de la morosidad. Cuando las familias empiezan a no poder pagar, el sistema financiero emite una señal que no se puede ignorar. No es un problema individual de quien se endeudó de más: es una tendencia que refleja que el crédito se expandió más rápido que la capacidad de repago de los tomadores.
Durante los años de inflación desbocada, tomar crédito tenía una lógica perversa pero efectiva: el peso de la deuda se diluía solo. Hoy, con una inflación que bajó pero que sigue siendo positiva y con salarios que no siempre la siguen, la deuda en pesos ya no se licúa como antes. Cada cuota es una cuota real, que sale del bolsillo real, mes a mes.
La recomendación de Simonella es tan simple como urgente: antes de firmar cualquier crédito, revisá el Costo Financiero Total (CFT), no solo la tasa nominal. El CFT incluye seguros, comisiones y todos los cargos adicionales que suelen estar en letra chica. La diferencia entre la tasa que te ofrecen en el cartel y lo que realmente terminás pagando puede ser enorme.
En un contexto donde el consumo se sostiene en parte gracias al crédito, la advertencia tiene peso. Endeudarse no está mal; endeudarse sin información, sí. El que no entiende cuánto paga en realidad, paga siempre de más.