La tasa de desempleo no miente, pero tampoco cuenta toda la historia. Un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) advierte que el mercado laboral argentino lleva quince años deteriorándose en silencio: más gente trabaja, sí, pero en condiciones cada vez más precarias, con menores ingresos y sin protección laboral real.
El informe, titulado «Deterioro y resquebrajamiento de la estructura social del trabajo en la Argentina (2010-2025)», se construyó sobre datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC y llega a una conclusión que incomoda: la economía genera empleo, pero no del bueno. Los investigadores denominan este proceso como «absorción laboral regresiva», una dinámica en la que el sistema incorpora trabajadores, aunque los empuja hacia el autoempleo de subsistencia, la microinformalidad y ocupaciones de baja productividad.
El diagnóstico es claro: el problema ya no es solo quedarse sin trabajo, sino la creciente pérdida de calidad de los puestos disponibles. Quienes salen del desempleo hoy tienen muchas más probabilidades de caer en una changa, un rebusque o el cuentapropismo de supervivencia que de conseguir un empleo asalariado registrado. Esa tendencia se profundizó entre los períodos 2011-2013 y 2023-2025, según el análisis comparativo del estudio.
El informe también desmonta un equívoco habitual: informalidad, precariedad y sector microinformal no son lo mismo. Un trabajador registrado puede igualmente estar en condiciones precarias, con salarios bajos y sin estabilidad real. Incluso el empleo formal, advierte la UCA, sufrió una pérdida del poder adquisitivo que erosionó su capacidad de garantizar condiciones de vida dignas.
La fragmentación de ingresos es otro dato que golpea. Los trabajadores del sector microinformal y los que se desempeñan en ocupaciones precarias concentran las remuneraciones más bajas y los mayores niveles de vulnerabilidad económica. Mientras tanto, los sectores más dinámicos, como finanzas, recursos naturales y servicios empresariales, generan alta productividad pero pocos puestos de trabajo. El empleo masivo sigue concentrado en sectores ligados al mercado interno, donde la informalidad manda.
La conclusión del estudio es contundente: medir la salud laboral de un país solo por su tasa de desocupación es insuficiente y engañoso. El verdadero desafío de la Argentina es recuperar la capacidad de generar empleo formal, productivo y estable, algo que el país no logra sostener desde hace más de una década, en un contexto de estancamiento económico, baja productividad y volatilidad macroeconómica que parece estructural.