No hubo remate ni liquidación de temporada. El cierre de Q’Bien Indumentaria fue brutal y sin aviso: en marzo, el techo del local se derrumbó por completo. Y lo que parecía una tragedia edilicia se convirtió en el punto final de una historia de más de tres décadas sobre la peatonal San Martín de Paraná.
El local era uno de esos comercios que forman parte del paisaje cotidiano de una ciudad. Más de 30 años de actividad ininterrumpida en uno de los corredores comerciales más transitados de la capital entrerriana. Generaciones de paranaenses que compraron ahí su primera campera, su ropa de temporada, su regalo de cumpleaños. Ese tipo de historia que no se reemplaza con un local nuevo.
Pero la infraestructura no perdona. El derrumbe total del techo en marzo dejó el local inutilizable y, con él, la viabilidad del negocio. La empresa anunció el cierre definitivo y ahora el daño se mide también en personas: siete trabajadores quedaron en la calle.
El Sindicato de Empleados de Comercio tomó intervención y está negociando las indemnizaciones correspondientes para el personal afectado. Una tarea que, en el mejor de los casos, cierra la herida económica pero no devuelve el trabajo ni la estabilidad que perdieron de un día para el otro.
El caso de Q’Bien no es un dato aislado: es el síntoma de una peatonal que, como tantos centros comerciales del interior del país, convive con la presión de los costos, el deterioro edilicio y la competencia del comercio electrónico. Cuando un local con tres décadas de historia no puede sostenerse, vale la pena preguntarse qué condiciones estructurales lo empujaron al límite. El techo se cayó en marzo; el negocio venía resistiendo mucho antes de eso.